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03/10/2013 / lernolosada

Raúl Lemesoff, el Robin Hood de los libros

Saltar como actitud. Transformar  para desafiar las reglas. Raúl Lemesoff recorre su país, Argentina, con libros. Quitando de aquí para ponerlos allí. De manera muy singular. Lo han llamado ‘El Robin Hood de los libros’. Él sabe que guarda algo muy importante: “Armas de Instrucción Masiva”. Todo empezó con una carta a George W. Bush en 2003.

SARDIFLOR eldiario.esRaúl Lamesoff

 “Saltar antes que caer” es el lema de una aventura cultural. La caída parece ser un tema cotidiano y más en los tiempos que corren. De ello esta revista ha dado evidentes pruebas. Pero antes, saltar. ¿Qué puede impulsarnos?  Imagina que estás harto. ¿De qué? Nada nuevo y un poco de todo: de cómo funcionan las cosas, del aspecto más mercantilista de la lectura, de cómo nos alimentamos de basura, de la escasa generosidad, de la manera en que se hacen las cosas para obtener cada vez más provecho, más éxito, más de lo que sea, de la sociedad moderna y el mínimo espacio para respirar. Imagina que estás bastante harto de cómo funciona tu país. Y el mundo, también. Miras hacia atrás y observas que tu país ha pasado por un periodo en el que han crecido las raíces de todo cuanto consideras negativo. Y así compruebas el lado oscuro de tu sociedad y tu cultura. Miras hacia el futuro y lo único que tienes claro es que algo, lo que sea, algo ha de ser esa pequeña piedra que se tira al lago. Se generan ondas y quizás alguna llegue hasta otra persona. Ondas y buena onda con contenidos verdaderos. No puedes controlar ese movimiento ni los ecos, eso lo tienes claro. También es evidente que tú puedes crear uno. ¿Quedarse de brazos cruzados? No es tu opción preferida. Te gusta opinar, lo haces a menudo, estás informado. Pero también necesitas ser coherente y que tus palabras estén materializadas en tus acciones. No basta con quejarse ni criticar. Eso ahonda la mirada a corto plazo de siempre. No basta con que la responsabilidad sea de otros. Hay una parte que es tuya y aunque no sepas exactamente cuál, la presientes y la temes. Lo que quieres es algo de verdad, ser coherente, algo que tenga significado. Estás  harto también de que la gente se queje y no haga nada. Estás harto de que todo el mundo espere. Tú no quieres esperar. Estás harto de esperar. Te pones a pensar. Y tienes una idea. Puede que sea una locura, ¿Pero acaso el mundo no está ya repleto de suficientes locuras que no aportan nada? Quieres que funcione y que simbolice algo, que denuncie y que aporte. Y necesitas que sea algo que afecte a la vida de los demás tanto como la tuya.

Eso mismo le sucedió a Raúl Lemesoff, un escultor argentino. Nos vamos al país del cono sur. Lemesoff siempre fue un hombre de cultura. Cree en ella y vive de ella. Ahora ha encontrado algo que le da un poco de sentido. Pensó que hay muchos libros en el mundo, que más de uno le sobra a muchas personas, que hay excedentes editoriales que se queman o se convierten en pasta de papel y que hay gente que no puede gastar el dinero en comprarse uno o en acercarse a la biblioteca más cercana que dista muchos kilómetros. La idea ya la tenía: intercambiar libros. ¿Cómo? Acepta donaciones y lleva los libros allí donde no llegan. En los barrios más ricos recibe libros y los entrega en los más pobres, aislados, marginados. ¿Pero cómo? No basta con el simple intercambio. Él quiere que llegue algo más, que el momento en el que se toma un libro sea más mágico e inolvidable si cabe. Raúl necesita un coche. En la primera versión de su proyecto quiere hacer llegar un mensaje a la Casa Blanca y a quien la ocupa en esos momentos: George W. Bush. Le envía una carta con su nueva arma. De regreso a su país, toma las riendas y decide ir más allá de la primera experiencia. No escoge cualquier vehículo. Se mueve en uno que simboliza uno de los momentos más trágicos de la reciente historia de su país. Elige un Ford Falcon, el mismo tipo con que se secuestraban a los “sospechosos”, un coche unido al destino de miles de desaparecidos, torturados y al del terrorismo de Estado. El Ford Falcon es símbolo del terror en Argentina. Sólo queda acabar de transformarlo en algo que sea aún más claro: un tanque. El resto crece y se cubre con lomos de libros que habían sido destruidos para venderse como papel al peso. El tema de los excedentes editoriales es largo y tendido. No resulta rentable donarlos, es más barato destruirlos. Saldar libros está mal visto porque vincula la imagen de un autor al fracaso, incluso algunos lo dejan estipulado en sus contratos. Las novedades siempre venden más y necesitan mucho espacio libre. Que a nadie le extrañe, así funcionamos en casi todos los sectores de nuestras sociedades modernas: se tira lo que sobra o no interesa. Ya tiene el coche. Otras áreas de ese transporte pueden funcionar como estanterías de una biblioteca rodante. Falta el nombre. A Sadam se le acusa de poseer armas de destrucción masiva. El mundo se enfrenta a una guerra que es resultado claro de la intersección de intereses. Destruir para usar. Lemesoff también espera que eso no se olvide. Un amigo escultor le ayuda con el dinero para dar los primeros pasos. Lemesoff prepara su arma y le envía aquella carta de George W. Bush mostrándole lo que es capaz de hacer. Ya tiene el nombre para su tanque portador libros: Arma de instrucción masiva, ADIM.

Raúl Lemesoff quiere transformar la realidad, recorrer otros caminos y fomentar otros valores. No es el único en el mundo. Cada vez hay más personas concienzadas de tal necesidad. Pero no hay muchos ejemplos del mismo calibre en el mundo de la cultura. Lemesoff quiere recordar que es necesario compartir, educarse y divertirse. Espera señalar que hay muchos caminos para la paz y que la literatura es uno de ellos. También pretende que no olvidemos que reside en cada uno de nosotros el poder de afectar la realidad inmediata. Exige sin aspavientos que el miedo, la discriminación y la exclusión se conviertan en  tolerancia, respeto, acercamiento y conocimiento. Quien haya visto un tanque que fue un coche del terror encarnando una librería sobre cuatro ruedas no lo olvidará. El impacto es inmediato allí donde llega. Está en cada uno de nosotros crear recuerdos que alimenten el mejor de los futuros. Así se ve el Arma de instrucción masiva y éste es su creador, Raúl Lemesoff:

El Arma de instrucción masiva  sigue operando sin descanso a pesar de las dificultades. Del 5 al 18 de septiembre de 2013, ahora mismo,  se encuentra en la 28ª edición de la Feria del libro de Córdoba, en el norte de Argentina. Al comienzo, hace ya más de tres años, Lemesoff empezó solo y sin reconocimiento de ningún tipo. Logró llamar la atención, ha aparecido en la televisión y las noticias desde hace un año. No recibe subvenciones, solo aportaciones de libros o donativos para la gasolina. Sigue vendiendo sus esculturas y a veces tiene más dinero; otras, espera que lo inviten a comer. Muchas escuelas de diferentes puntos del país reclaman su presencia mientras él sigue fiel a su idea inicial. Ha recorrido su país de norte a sur. Espera seguir hacia Bolivia y Perú, tanto como anhela que surjan copias de su iniciativa en otros países. Cuenta con seguir recorriendo los caminos hacia los pueblos más recónditos de los países latinoamericanos y los barrios marginados de las grandes ciudades regalando y recibiendo libros. Ha empezado a filmar y espera lograr una nueva narración con su material y las experiencias vividas para contarnos sobre los saltos que evitan caídas.

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